Enero de 2015 - Nº 39  
 
 
 
 
 
 
     
 

El modelo agrícola en campo arrendado hace tiempo que está en crisis. Pero la mayor parte de los empresarios vienen haciendo lo imposible por mantener las estructuras a la espera de la aparición de un contexto que permita crear nuevas metodologías de trabajo. La cuestión es que este año esa meta quizás no pueda llegar a cumplirse.

“Los bajos precios de los granos con costos crecientes y una carga impositiva enorme, generarán resultados negativos en campos alquilados y prácticamente nulos en campo propio. Sin financiamiento a un costo accesible, en 2015 la siembra en campos de terceros estará en una situación complicada”, indica Julio Lieutier, asesor del CREA Seguí-La Oriental.

El año pasado buena parte de los acuerdos de alquileres pactados en quintales de soja por hectárea se negociaron con un precio esperado a cosecha (mayo de 2015) del orden de 290 u$s/tonelada. Se trata de una cifra 50 u$s/tonelada superior a la vigente en la actualidad.

“Algunos arrendatarios ya avisaron al propietario en este mes de enero que no van a renovar el alquiler cuando terminen de cosechar: por más alto que sea el rinde, con los precios actuales se pierde dinero en campo arrendado”, explica Diego Hugo Pérez, asesor de los grupos CREA Gálvez y Las Petacas. “En el caso del trigo, ni siquiera se ganó dinero en campo propio con un rinde de 45 qq/ha por los bajísimos precios del cereal”, añade.

Los únicos esquemas capaces de resistir la actual coyuntura son los asociativos ajustados por productividad. “Este año (ciclo 2014/15) las empresas de la zona que, en caso de obtener buenos rindes, no perderán dinero en campo alquilado son aquellas que realizaron acuerdos a porcentaje con escalas variables, en los cuales se fija una base de rinde a partir del cual se cobra el porcentaje y el mismo se va incrementando a medida que aumenta el rinde promedio”, apunta Javier Tomacelli, asesor del CREA Roque Pérez-Saladillo.

Uno de los síntomas de la crisis es la presencia, en la mayor parte de las zonas productivas, de campos de calidad regular que, al no ser rentables, no encontraron arrendatarios dispuestos a sembrarlos.

“Tres empresas mixtas CREA ya comenzaron a pasar lotes agrícolas clase B a ganadería”, indica Gerardo Chiara, asesor de los grupos CREA Bragado y Alberdi. “En la zona algunos de esos campos, especialmente los mal manejados, que hasta hace dos años atrás se arrendaban para sembrar, en la presente campaña quedaron sin alquilar”, agrega.

La necesidad de encontrar un nuevo modelo agrícola que permita asegurar una rentabilidad acorde al riesgo asumido es bastante urgente porque existe una amenaza biológica que atenta contra la sustentabilidad agronómica de la actividad.

“En algunos casos se llevan gastados más de 100 dólares por hectárea entre herbicidas preemergentes y postemergentes, cuando al comienzo de la campaña se habían presupuestado 45 dólares: el problema de las malezas se profundiza año tras año”, explica Luciano Ascheri, asesor del CREA Monte Maíz.

“En algunos campos de soja de la zona –mal manejados– pueden verse desde la ruta poblaciones enormes de yuyo colorado; en la cosecha seguramente tendrán un problema importante”, apunta Ascheri. “Con un costo directo de la soja de 300 a 350 dólares por hectárea, al que es necesario sumarle la cosecha y el arrendamiento, el cultivo de soja dejó de ser barato y, por lo tanto, no resiste precios internos bajos”, agrega.

Incluso hasta algunas soluciones del pasado se transforman ahora en nuevos problemas. En algunos sectores de la Cuenca del Salado –por ejemplo– el principal inconveniente en 2014/15 no fueron las malezas resistentes, sino el maíz “guacho” tolerante a glifosato (el cual quedó tirado en el campo por efecto de las lluvias excesivas y tormentas registradas durante la cosecha de maíz tardío).

“Estamos incorporando los problemas de malezas resistentes en los criterios de decisión al momento de definir el plan de siembras, para lo cual clasificamos los lotes con tres colores: verde, amarillo y rojo en función de la presencia y el nivel de incidencia”, señala Roland Graham, asesor del CREA Gral. Villegas.

“En aquellos lotes con presencia importante de Chloris que iban a ser sembrados inicialmente con maíz, este año los cambiamos a soja. Y los sectores que iban a soja en los cuales se detectó presencia importante de yuyo colorado (Amaranthus quitensis), se decidió sembrarlos con maíz”, apunta Graham.

“La realización de un censo de malezas, junto con un enfoque sistémico que contemple la rotación de cultivos y de principios activos (en las formulaciones de herbicidas), constituyen la base de las decisiones agronómicas en la actual coyuntura. Se acabó la época en la que se podía hacer agricultura por teléfono”, concluye.