Mazo de 2014 - Nº29  
 
 
 
 
 
 
 
     
 

Uno de los principales problemas presentes en la actividad lechera es la dificultad para encontrar personas interesadas en trabajar en los tambos.

Jock Campbell, propietario de Estancia El Jabalí (CREA 9 de Julio), entiende que el camino más adecuado para lograr que las personas se entusiasmen con la lechería no es ofrecer un empleo sino “una carrera”.

“Creemos que todos los colaboradores deben crecer económicamente, es decir, generar una capacidad de ahorro más allá de sus aspiraciones materiales inmediatas, como electrodoméstico o autos”, apunta Campbell.

   ¿Cuáles son los criterios para promover el desarrollo económico del personal?
   JC: En el caso de los tambos, los que integran los equipos son los dos integrantes de un matrimonio y la idea es que lo compartan como un proyecto de vida. A los que llegan a titulares les inculcamos la idea de pensar estratégicamente, como socios con sus esposas/os, planificando algún emprendimiento para cuando se van de esta empresa. Eso porque los titulares deben salir de la empresa luego de cinco años de ejercer la titularidad. De esta manera, hay en la empresa una “carrera del tambero” en la cual los subordinados pueden pensar en ascender.

   ¿Cuáles son los métodos empleados para promover el desarrollo profesional de los trabajadores?
   JC: Hay bastante trabajo de formación –nunca suficiente–, como asistencia a jornadas, cursos, etcétera, pero más que nada charlas de equipo. Lo fundamental es que los integrantes del equipo puedan superponer los objetivos del equipo por encima de sus sentimientos y cuestiones personales. Los gerentes desarrollan la capacidad de anticiparse a los problemas. Es importante que cualquier empleado que no se adecue a este sistema de trabajo sea desvinculado rápidamente.

   ¿Cobertura médica?
   JC: Hay un médico que viene todos los meses y mes por medio contamos con un asesor en seguridad laboral. Trabajamos en prevención con distintos tipos de análisis. Implementamos una dieta sana en nuestro comedor de solteros. No tomamos fumadores, lo que no es lo mismo que decir que esté prohibido fumar, pero los que no respetan la palabra no tienen futuro en nuestra empresa. Hay tres sesiones por semana de gimnasia, de media hora cada una, dictadas por un profesional en el tema.

   ¿Qué facilidades de comunicación implementan?
   JC: Todas las casas y tambos tiene Internet Wi-Fi. Para celulares hay una comunidad de uso con una empresa. Los handy no van más.

   ¿Educación y cuidado de los hijos del personal?
   JC: Hay una escuela en el campo, de jornada completa, y jardín. Nosotros nos encargamos de llevar a los chicos a la escuela. Y van aunque llueva. En los últimos años, lamentablemente, no tenemos mucha intercambio con las directoras. Financiamos un viaje por año del tipo educativo, para alumnos y padres, a Temaikén, Mundo Marino, etcétera. En las cercanías hay un colegio secundario con internado. Varios mandan a sus hijos al secundario agropecuario Del Valle o Inchausti.

   ¿Qué política implementan con respecto al tiempo libre?
   JC: Por ser un campo dedicado en su totalidad a la actividad tambera, hay mucho requerimiento de trabajo los fines de semana y feriados. En los tambos la gente tiene un día franco por semana y tratamos que lo tome la pareja. Hay treinta días de vacaciones por año, en dos periodos: 10 + 20 días.

   ¿Cómo se planifica el trabajo en el campo?
   JC: Los tamberos comparten muchas decisiones sobre la asignación de los recursos. Todos los trabajadores de los tambos cobran en función de un mini-margen resultante de la liquidación mensual (con notas de crédito y débito) menos los suplementos comprados, la urea, los detergentes y la electricidad. Nuestros tambos son estacionados y grandes: la planificación se organiza a partir de esas características. Primero se organizan en el año los tipos de tareas según la estacionalidad, por ejemplo, partos, guacheras, servicios, “vacaciones”, capacitación y demás, y luego las tareas de todos los días: arreo, asignación de comida, ordeñe, limpieza, etcétera; cada una de esas tareas requiere una cantidad y calidad de gente específica. Luego la organización en el día a día y hora por hora se hace con un detalle de las tareas que desarrolla cada uno en la semana y cuál es su día libre. En un tambo trabajan entre 9 y 14 personas, según la época del año. El tamaño de los tambos, debido a la necesidad de hacer rendir las cada vez más costosas instalaciones, lleva a que éstas trabajen muchas horas al día: esto se resuelve con un sistema de turnados de modo que, por ejemplo, los ordeñadores no estén, como máximo, más de una hora y media poniendo pezoneras y otro tanto sacándolas. Con los trabajadores de la recría no hay tanta planificación, pero la gente sabe muy bien en qué momento de su desarrollo y estatus sanitario está cada tropa. Hay bonificaciones por producción animal, sangrados e inseminación, detección de celo, entre otros factores. El que más cobra en ese sector del campo es el recorredor, quien anda en cuatriciclo; esa persona pasó de ser el que traía las “novedades” –alambrados rotos, mortandad– a ser el encargado de la producción animal.